Para poder entender la importancia del teatro del Siglo de Oro en su totalidad, además de los textos, hay que entender también el ambiente que motivaba, transmitía y recibía su producción.El teatro se consolidó como la primera manifestación literaria espectacular de carácter comercial en España, es decir, era la primera vez en la que los asistentes a una representación pagaban su entrada y, por tanto, los autores vivían directamente de los beneficios que el espectáculo generaba.
El proceso del teatro comenzaba en el dramaturgo que escribía su comedia por encargo del arrendador del corral de comedias o por el director de la compañía, conocido como autor de comedias.El autor de comedias dirigía estos grupos de teatro que, desde mediados del XVI, se habían convertido en compañías de teatro profesionalizadas, a imitación de las italianas.
El proceso del teatro comenzaba en el dramaturgo que escribía su comedia por encargo del arrendador del corral de comedias o por el director de la compañía, conocido como autor de comedias.El autor de comedias dirigía estos grupos de teatro que, desde mediados del XVI, se habían convertido en compañías de teatro profesionalizadas, a imitación de las italianas.
La consideración social de los actores era negativa. Se criticaba su vida libre y licenciosa, pero a la vez, su popularidad podía ser enorme y su profesión despertaba envidias y admiración. En cuanto a su modo de actuar, era probablemente exagerado, tanto en la gesticulación como en la declamación afectada de los versos.
Hacia el siglo XVI no había locales específicos para la representación teatral. Es con la necesidad de crear un espacio como surgen los corrales de comedias. El corral del comedias era un patio interior de vecindad, sin techumbre, en el que se colocaba un tablado en uno de sus extremos, sobre el que se representaba la comedia.Eran teatros que no tenían telón de fondo para ocultar los corredores. Tampoco contaba a penas con decorados y eran personajes los que construían el lugar con sus palabras. Con el tiempo se fueron creando escenificaciones más complejas, aunque esto no llegaba tanto a los corrales como a los palacios.
Las principales ciudades españolas como Sevilla, Valladolid o Valencia contaron con corrales de comedias. En Madrid, se edificaron los dos más famosos, el de la Cruz (1579) y el del Príncipe (1582). Los corrales eran administrados por instituciones benéficas y sociales o por los ayuntamientos. Esto ayudó mucho a contrarrestar los ataques moralistas que sufría el teatro.
El teatro suponía el principal espectáculo para todos los ciudadanos.A pesar de la separación física de los diferentes estamentos sociales, todos disfrutaban. Allí se divertían, pero también veían un reflejo de los valores que regían sus vidas: la exaltación nacionalista, la devoción católica y la confianza en la monarquía. Tanto gustaba que, de ser solo un fenómeno de los días importantes, pasó a ser casi una actividad diaria, en la que cada obra se representaba en torno a dos o tres días. El calendario teatral respetaba de forma tajante la cuaresma.


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